3 de junio de 2020: Pensamientos sobre el texto bíblico

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« La oración eficaz del justo puede mucho » (Santiago 5:16b). El texto bíblico para la hora de recogimiento de hoy se encuentra en el capítulo final de la epístola de Santiago. Se expresa la esperanza de que la oración pueda ser útil en situaciones difíciles o incluso desesperadas de la vida. Se hace hincapié en que la fe y la confianza forman parte de la oración (Santiago 5:15–18). Las explicaciones concluyen con una referencia a la poderosa oración del profeta Elías.

Cómo oramos

Nuestro texto bíblico habla de la oración del justo. En el uso bíblico, el hombre justo es el que cree en Dios y confía en Él en todas las situaciones. Pues la fe siempre incluye la certeza de que Dios nos ama y quiere nuestra salvación.  Los discípulos estaban inseguros y le pidieron a Jesús que les enseñara la forma correcta de orar (Lucas 11:1b). En la “oración del Padre Nuestro” (Mateo 6:9–13; Lucas 11:2–4), Jesús mostró cómo se ora. Explicó que la oración no depende de la forma externa, de muchas palabras o de un catálogo de deseos que se tienen que cumplir. Antes bien, en la oración uno debe dirigirse a Dios en humildad y confianza. A menudo, nuestras oraciones están marcadas por las peticiones. Mas una petición no es una exigencia con base en pretensiones y derechos. No podemos exigirle nada a Dios, pues Él no nos debe nada. Cuando oramos, lo deberíamos hacer sabiendo que Dios sabe lo que necesitamos. El Apóstol Pablo señala que el Espíritu Santo nos ayuda a orar correctamente y que incluso intercede por nosotros cuando nos quedamos sin habla (Romanos 8:26). Prestemos atención a los impulsos del Espíritu Santo, que es nuestra ayuda también cuando oramos. Cuando oramos llenos de Espíritu Santo, no tenemos la inquietante sensación de que Dios no puede o no quiere oírnos, sino que escuchamos la voz de Dios en el silencio de la oración.

La oración eficaz

Podemos hablar con Dios sobre todo lo que nos conmueve, nos ocupa y nos agobia. Pero debemos recordar que la oración es una conversación con Dios y no una lista de deseos. La epístola de Santiago habla del hecho de que la oración solo puede hacer algo si es “eficaz”. El Padre Nuestro nos muestra lo que esto significa.

La oración comienza dirigiéndose a Él en forma respetuosa y confesional: “Padre nuestro que estás en los cielos”. Dios, el Creador del cielo y la tierra, es nuestro Padre, es el Dador y Sustentador de nuestra vida. La petición “Venga tu reino” va mucho más allá de una petición privada y tiene en cuenta a la humanidad, al mundo, es más, a toda la realidad. ¡Estamos llenos del deseo de que Jesús venga pronto y que comience la consumación del reino de Dios!

Vemos que la oración debe girar en primer lugar en torno a la salvación, la salvación del mundo y, por lo tanto, también la propia salvación del que ora. Al mismo tiempo, el que ora se confía a la buena voluntad de Dios, que debe ser la norma de conducta entre las personas: “Hágase tu voluntad”. Y solo entonces viene la petición del “pan de cada día”, es decir, de todo lo que necesitamos para nuestra vida en la tierra.

Una oración eficaz es también una oración hecha con concentración. Aunque en nuestra vida diaria siempre podemos orar para estar vinculados con Dios, también es necesario tomarse tiempo para la oración. Si nos tomamos el tiempo, entonces es posible no solo hablar con Dios, sino, asimismo, escucharlo. La oración eficaz puede liberarnos de nuestra fijación en lo material y en lo cotidiano, y llevarnos a la conformidad con la voluntad de Dios.

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